Desperté en plena oscuridad. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al tener que enfrentarme a uno de mis mayores miedos. El cansancio me impedía casi abrir los ojos pero también conciliar el sueño. Estoy sola en casa. Se había ido aquel angelito que me hacía compañía y que por descuido se dejó la puerta abierta. Ruidos, pequeños ruidos que para mi resultaban un mundo. Noche de lluvia, mucha lluvia. Más ruidos. Me encogí entre las sábana. No era capaz de moverme. Cualquier gesto, ruido y movimiento podía delatarme. Podía delatar mi vigilia. Casi aguanto hasta la respiración. Tengo la sensación de que no estoy sola. Mi cabeza va a mil por hora. Siempre he odiado a la oscuridad. ¿Cómo saber si no hay alguien a tu lado que puede estar tan cerca vigilándote si ni siquiera lo puedes ver? Además, los espíritus, tan temidos por mí, aparecen en la oscuridad con su haz de luz blanco. Entonces es cuando viene a mi cabeza una frase que decía mi padre: “Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos”. Desafortunadamente no es suficiente.
Quiero dormir, pero estoy aterrorizada. Miro esa piedra pintada que me regaló una amiga. Autodefensa. Saco el valor que nunca he tenido y me levanto muy despacito. Está prohibido hacer ruido. Camino lentamente, la puerta está abierta, las llaves no están pasadas. Alguien ha podido entrar. Mi miedo aumenta a escalas desorbitadas. Miro el salón y la cocina. Luego el baño, la cortina de la ducha está corrida. Podría haber alguien ahí. Uno, dos y tres la abro rápidamente. Nada. La otra habitación vacía. Cierro la puerta. Habrá sido un descuido.
Me acuesto. Dejo la luz encendida. Miro al techo pero ya no puedo dormir. Maldito miedo. Mi madre me consolaba diciendo que el miedo me lo creaba yo misma. Yo y mi imaginación. Esta lucha contra él que antes resolvía acudiendo a la cama de mi hermana. Ahora lo tengo que enfrentar yo sola. No me siento capaz. Me pueden mis miedos. Miro al techo. El cansancio me puede, mis ojos se están intentando cerrar y empiezo a soñar con la oscuridad.
3 comentarios:
Todos tenemos miedos: unos a las tormentas, otros a la oscuridad,o a la muerte... Yo sin duda alguna mi mayor miedo es la soledad. Pero creo que poco a poco hay que intentar vencer los miedos, enfrentarlos y hacerte más fuerte que ellos.
Bkños
Tamara Raposo
¿Quién puede decir que en algun momento no ha tenido miedo? Tú narración describe un tipo de miedo, digo un tipo porque hay muchisimos,todo el mundo con algo tenemos una perturbación del estado de animo...y estoy de acuerdo que se asocia o es más poderoso en la oscuridad,pero esta aquel que es el peligroso:que me importa que venga la luz del día si es de noche por dentro del alma mía.Siempre hay que plantarle cara, como hiciste en (Otra vez tú)ya que el apoyo logístico que te ofrecen a veces se queda lejos.Muy amena y legible tú historia.
1saludo
Joe. Me angustió por momentos saber qué te ibas a encontrar detrás de la cortina de ducha o en la cocina..
Me encantó el texto amiga. :)
Un besito. Y que sepas que miedos tenemos todos, y no son pocos..
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