domingo, 6 de diciembre de 2009

Para el pequeño...


Ya se está haciendo mayor, tanto es así, que todos en casa tenemos que mirar para arriba para hablar con el de la generación del 94. El más pequeño de la casa, pero la alegría de la huerta, más que la alegría es el abrazo que nunca falla, los miles de besos que nadie te da, la caricia que espera impaciente tu llegada.

Llegaste sin avisar, saltándote todas las barreras que habían puesto y que querían que esta familia sólo fuésemos cuatro. Viniste para hacernos impar, no hay dos sin tres, no hay cuatro sin cinco, y ese cinco eres tú. Como dice Papá: los cinco dedos de la mano…

Casi no cabías dentro de Mamá, descubrimos por qué aquel cuatro de diciembre que por fin te pudimos ver. Aquella bolita de pelo rubio cuyos mofletes eran la parte más sobresaliente de su cara. Nos dejaron elegir tu nombre, supongo que acertamos al ver las caras de todos cuando dices como te llamas: Jerobel, casi nadie lo conoce y eso te hace aún más especial.

Una vez más, no estoy por tu cumpleaños, un año más me pides un regalo que no llegará a tiempo. Como todo este tiempo que me estoy perdiendo… pero tengo la suerte de guardar miles de recuerdos de tu infancia. Y dentro de lo malo, ser la única persona que nota como cambias de verdad…

Y aún sigues ahí, tu mano cómplice que está ahí cuando más lo necesita… quizás el más sufridor de todos que ya desde pequeño aprendió a llorar en silencio, quizás el más consentido, el niño de los ojitos de todos…

sábado, 5 de diciembre de 2009

Volverte a ver...

Ha sido como una sobredosis de adrenalina, aún conserva el olor de su perfume con el que se embriagaba en cada abrazo. Abrazos interminables que emocionan. La nostalgia se abre un hueco entre ellos, que estaban sin darse cuenta en el sitio del reencuentro. El frío se intenta colar pero el calor que dos cuerpos desprenden hace que se empañen los cristales. Sentimientos reprimidos. Ninguno de los dos se atreve a dar el siguiente paso. Sin embargo se conocen perfectamente. Un silencio. Una acaricia en la mano. Y todos esos pequeños detalles que ella empezaba a olvidar. El momento los supera, es hora de despedirse. Una interminable espera en el portal, y se va…